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Polonia

Polonia

En este tercer artículo de viaje fuera de España —que empezó hace dos años con Berlín y siguió el pasado con Milán— voy a evitar cuestiones ya comentadas relacionadas con viajar en julio o agosto .

Dicho esto, también podría evitar el tema climático, pero creo que en el caso de los países fuera del Mediterráneo hay que comentarlo. Puede que si viajas a Centroeuropa te toque esa semana de julio o agosto en la que se alcanzan los 30 grados durante varios días, los lugareños andan con la lengua fuera y las calles del centro se llenan de pulverizadores de agua.

Fuera de que te toque esa «ola de calor», en nuestro caso tuvimos una semana normal: dos días de sol a casi 30 grados para lucir el modelito veraniego, dos días donde llovía a ratos, y otros tantos alternando sol y nubes sin pasar de los 25. No seré yo quien se queje de no estar a 30 grados durante siete días; para eso ya tengo los 38 grados de casi dos meses en Andalucía. Así que mi consejo: lleva algo de ropa de marzo mezclada con la de julio y, ah, un pequeño paraguas.

Respecto a la llegada, aquí daría para otra entrada exclusiva sobre cómo nos tienen pillados las compañías aéreas: no solo por los precios, sino por todo lo que tiene que ver con los asientos y las maletas. La ida a Cracovia, prevista para un miércoles por la mañana, nos la anularon unos meses antes sin más alternativas para ese día. Tuvimos que coger un vuelo por la tarde del lunes, porque ponerlo el jueves ya implicaba perder días, teniendo además la vuelta cerrada para el martes siguiente desde otro aeropuerto. Por si fuera poco, retrasaron ese vuelo vespertino dos horas y llegamos a la 1:30 de la madrugada. De verdad, es un tema en el que hacen con nosotros lo que quieren («es el mercado, amigo», que diría aquel).

La primera parada es Cracovia. Si solo puedes ir a un destino, mejor que sea este: no solo porque en un par de días puedes ver lo interesante de la ciudad, sino porque dos de los lugares imprescindibles de Polonia —Auschwitz-Birkenau y las Minas de Sal de Wieliczka— tienen salida directa desde aquí por su cercanía. Estas dos visitas te exigirán añadir al menos dos días, así que con cuatro vas bien. Nosotros, entre unas cosas y otras, estuvimos cinco noches pero cuatro días reales; un día más habría sido perfecto para detallitos de Cracovia, como visitar algún museo más o subir a alguna torre.

Para alojarnos, siendo cuatro, optamos por un apartamento a una manzana del casco histórico; quizás, viajando solo dos, la alternativa de un hotel céntrico no esté mal. En cualquier caso, Cracovia es una ciudad muy cómoda para recorrer simplemente andando; esta vez no usamos ni transporte público. Por cierto, te recomiendo hacer el free tour básico para situarte:

https://es.wikiloc.com/wikiloc/spatialArtifacts.do?event=setCurrentSpatialArtifact&id=275332001

Pasear por la ciudad vieja (Stare Miasto) es muy agradable: llana y nada enrevesada. Eso sí, al ser una ciudad muy turística en verano, hay momentos de aglomeración (tipo Granada). Además, se estila mucho la bicicleta (con su carril) y los patinetes eléctricos; si vas atontado con el móvil, te puedes llevar a alguien por delante o comerte algo.

Lo más barato de Polonia es comer. Al tener su propia moneda (el zloty), el cambio con el euro sale bastante a cuenta, aunque hay cosas que aun así son caras (como comprar café en el súper; mejor tomárselo en un bar). Lógicamente, vas a un país nuevo y quieres probar su gastronomía, lo cual está muy bien… los primeros días.

Aunque los pierogi (empanadillas rellenas), el bigos (estofado de carne y col), las sopas tradicionales como el żurek (servido a veces dentro de una pan) y el kotlet schabowy (chuleta de cerdo empanada) están buenos, pasar siete días a base de empanadillas de todo tipo hace que al final te apetezca un simple plato de pasta.

Pero es barato y está rico… y si hace fresco, más. ¿Sopita en julio? Quién lo iba a decir. Mi recomendación: los bares de leche. Son como tasquillas (vienen del modelo soviético) con pocas mesas donde todo el mundo está pegado y te sirven platos abundantes por menos de 50 euros para cuatro personas. Eso sí: no sirven alcohol.

En Cracovia fuimos un par de veces a uno que nos gustó mucho en la calle Świętego Tomasza 24. Abren de forma ininterrumpida desde el desayuno hasta las 18:00 h, así que puedes comer temprano o tarde. Suele haber cola, pero el servicio es rapidísimo: la gente va a comer y se va, nada de sobremesas eternas pidiendo café y pacharán. En Varsovia también hay, aunque los más famosos funcionan de forma más moderna con pantallas táctiles para pedir (como los Mleczny Mleczarnia).

Por cierto, estamos en CentroEuropa, lo de comer a gritos solo lo verás en ocasiones y ya sabrás que al 99% son españoles.

¿Debería hablar de Auschwitz y las Minas de Sal? No quiero extenderme, pero merecen mucho la pena.

Las Minas de Sal están a unos 30 minutos. Puedes ir con una excursión organizada donde una guía polaca te lo explica a su manera; a nosotros nos tocó una zagala con cierta sorna , algo que aprecio y algo raro viendo al polaco medio. Entras a las 12:00 y a las 15:00 ya estás de vuelta.

Respecto a Auschwitz, al estar más lejos (hora y media), el humor sobra por completo. Es un sitio donde se respira silencio y solemnidad. Hay muchísima gente, pero está milimétricamente organizado (principalmente la primera parte del museo). Conmueve y se respeta mucho. En mi caso, al haber estado hace dos años en Sachsenhausen (Berlín), quizás ya venía advertido y no me afectó tanto, pero a poco conciencia que tengas, sobrecoge.

El mayor problema de esta excursión es la letra pequeña de las empresas que contratas: te pueden cambiar la hora con 24 horas de aviso. De tener prevista la salida a las 9:30 nos la pasaron a las 6:00 (con lo que eso madrugar conlleva), así que tenlo en cuenta, sobre todo en verano. Lo bueno fue que, a cambio, tuvimos toda la tarde libre en Cracovia.

La otra parada fue más corta: tres noches en la capital, Varsovia. Como suele pasar en casi toda Europa, los trenes entre ambas ciudades ofrecen buenos horarios, funcionan de maravilla y los billetes son baratos. La estación de Cracovia está cerca del centro, así que si vas cargado de maletas, lo mejor es buscar alojamiento por ahí.

A Varsovia se llega en poco menos de tres horas de forma directa. Si vas a Varsovia Central (que era la estación más cercana a nuestro alojamiento), ten en cuenta que en los paneles de la estación puede aparecer otro destino final para ese tren; la clave es fijarse en las paradas intermedias para perder el miedo a equivocarse. Además, hay varias estaciones de tren en la ciudad: la primera aparece en los andenes al llegar; la central no sale anunciada como tal (Warszawa Centralna), pero por su aspecto más moderno y sabiendo que es la segunda parada, no tiene pérdida.

Varsovia es otra cosa diferente a Cracovia. Una capital de tres millones de habitantes donde las distancias , el ritmo y el varipinto personalque ves nada más bajar del andén te dicen que ya no estás en una «Cracovia granadina», sino en una «Varsovia madrileña». Nada más salir te salta Stalin a la cara con el impresionante Palacio de la Cultura, avenidas inmensas y, como buena gran capital, obras por todas partes.

Nuestro alojamiento estaba cerca, en una zona nueva de rascacielos construidos donde antiguamente se encontraba el famoso y destruido gueto de Varsovia. Desde esa zona al casco viejo (también reconstruido en los años 50) hay unos 25 minutos andando.

El casco antiguo, partiendo desde la escultura de Copérnico, no es muy extenso y con tres días tienes de sobra. Puedes cruzar el Vistula e ir al barrio de Praga, que sufrió menos destrucción, pero nosotros fuimos un lunes por la tarde y estaba bastante muerto; aun así, sirve de paseo para bajar la comida polaca.

Barrio de Praga

Si estás cansado, puedes tirar de tranvía o metro. Nosotros optamos fundamentalmente por caminar y no calentarnos la cabeza con el billete, aunque intuyo que el transporte público funciona muy bien, especialmente el tranvía.

Respecto a los alojamientos en Polonia —si no vas a un hotel—, siguen la dinámica vista en Berlín: aprovechar el espacio al máximo. En una habitación amplia te meten salón, cocina y camas (el baño va aparte).

Lo que más te puede llamar la atención, igual que nos pasó en Berlín, son los sofás cama para dos personas: no son tan cómodos como los de tu salón. No están mal para unos días, pero al final del viaje mueres por llegar a tu casa y abrazar tu almohada. La ropa de cama para taparse por la noche (teniendo en cuenta que refresca ) también suele ser un poco justa.

¿Habrá sitios mejores? Seguramente. Pero tal y como están los precios de los vuelos, hay que recortar en lujo habitacional. No me malinterpretes: los apartamentos están bien, tienen de todo y dormimos en sitios tranquilos, más que suficientes para el trote diario de las vacaciones.

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