Episodio III: Forma parecida, Fondo diferente

«Toda explicación carecería de rigor sin un dato fundamental: sin el golpe de Estado no se habría producido ni la guerra ni la posterior dictadura. Las atrocidades cometidas, tanto durante como después del conflicto, no habrían tenido lugar; este es un hecho innegable para quien desee comprender la realidad. Por lo tanto, todo lo que aquí exponemos para aclarar la verdad tiene unos responsables directos: las élites económicas, como Juan March; las élites católicas, como el cardenal Isidro Gomá y Tomás; las élites políticas, como Gil Robles y Calvo Sotelo; y, por supuesto, el brazo ejecutor: los generales traidores a la patria como Mola, Goded, Queipo de Llano y Franco, entre otros. Tampoco podemos olvidar a dos actores decisivos que inclinaron la balanza: Hitler y Mussolini».


Hoy queremos analizar episodios concretos de la contienda que el franquismo utilizó —y sigue utilizando— para sostener la idea de que «todos fueron iguales». Con el objetivo de desmantelar este relato, compararemos, tanto en forma como en fondo, la matanza de Paracuellos y el bombardeo de Cabra con las masacres de Badajoz y Guernica.

En el imaginario franquista, poner al mismo nivel episodios como la matanza de Paracuellos y el bombardeo de Cabra frente a otros hechos históricos busca rebajar la gravedad del golpe de Estado de 1936. Se recurre a una supuesta «simetría en el sufrimiento» que ignora deliberadamente las diferencias fundamentales de naturaleza, intención y escala entre ambos bandos.

Aunque todos estos episodios son trágicos y condenables —pues en todos murieron personas inocentes—, es necesario diseccionar estos hechos para exponer las piruetas propagandísticas que, durante 90 años, han intentado equiparar fenómenos de naturaleza muy distinta.

Los hechos: Cuatro episodios de la Guerra Civil

  1. Paracuellos del Jarama (noviembre-diciembre de 1936): En la zona republicana, cerca de 2.000 prisioneros (militares, religiosos y civiles de ideología derechista, según el profesor Cervera Gil)—como la Modelo y San Antón— y ejecutados en los campos de Paracuellos del Jarama.
  2. El bombardeo de Cabra (noviembre de 1938): Es el episodio más grave de bombardeo aéreo realizado por la aviación republicana sobre población civil. Tres bombarderos de fabricación soviética atacaron la localidad cordobesa en un día de mercado, causando 109 muertos y más de 200 heridos.
  3. La masacre de Badajoz (agosto de 1936): Tras tomar la ciudad, las tropas sublevadas iniciaron una represión sistemática contra defensores republicanos y población civil. Muchos de los cerca de 4.000 fallecidos fueron fusilados en la plaza de toros. La brutalidad de estos actos —que incluyeron violaciones y ejecuciones sumarias— fue documentada por corresponsales extranjeros.
  4. El bombardeo de Guernica (abril de 1937): Aviones de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana bombardearon la villa vasca durante más de tres horas con bombas explosivas e incendiarias, ametrallando a los civiles en su huida. Quedó destruido el 85% de la localidad. Fue uno de los primeros casos en la historia donde la población civil fue convertida deliberadamente en objetivo militar para sembrar el terror.

Las matanzas de Paracuellos y Badajoz, aun compartiendo el horror de las ejecuciones, tuvieron orígenes y naturalezas distintas.

En Paracuellos, los fusilamientos se produjeron en un contexto de colapso gubernamental y de caos absoluto durante la batalla de Madrid. No fueron ordenados por ninguna institución legal de la República. Aquellos presos estaban siendo trasladados fuera de la capital —teóricamente para evitar que se unieran a los golpistas si lograban escapar—, pero fueron interceptados por milicianos sedientos de venganza por las atrocidades que el bando sublevado venía cometiendo contra los suyos.

Históricamente se ha intentado vincular estos hechos con Santiago Carrillo, debido a su posterior relevancia en el Partido Comunista y al hecho de que miembros de su formación formaban parte del gobierno republicano. Sin embargo, en las investigaciones posteriores del franquismo, que buscaron depurar responsabilidades y fusilar a cualquiera que tuviera relación con el caso, el nombre de Carrillo no aparece implicado.

Un dato revelador de que no existía una orden sistemática del gobierno es que estos asesinatos cesaron abruptamente en diciembre de 1936, tras la intervención del anarquista Melchor Rodríguez, quien logró restablecer el orden en las prisiones.

Por el contrario, en Badajoz, la masacre respondió a una política sistemática de terror y exterminio. Los militares golpistas aplicaron un plan diseñado para asegurar su retaguardia e infundir miedo durante su avance hacia Madrid. No fue algo que «se les fuera de las manos», sino una estrategia consciente y planificada. La actitud del general Juan Yagüe lo confirma en una entrevista con el periodista John T. Whitaker: «Naturalmente que los hemos matado. ¿Qué suponía usted? ¿Iba a llevar 4.000 prisioneros rojos con mi columna, teniendo que avanzar contra reloj?».

En este sentido vemos que hay una orden perfectamente orquestada por el futuro gobierno, es más, así como dato que puede parecer una anécdota, mientras que para los fusilados en Paracuellos se les hizo un cementerio para que sus familias fueran a rendirles sus oraciones, los fusilados del otro bando en las tapias de los cementerios no se les dejó ser enterrados para que sus viudas ni pudieran ir a llevarles flores.

El ataque a Cabra fue una operación de seis minutos ejecutada por tres aviones, derivada de un error táctico: los pilotos creyeron estar bombardeando un campamento de soldados italianos. No existe punto de comparación posible con Guernica: allí operaron 60 aviones que lanzaron 40.000 kilos de explosivos y bombas incendiarias durante tres horas. Guernica no fue un error; fue una operación planificada contra un símbolo, utilizando a la población civil como objetivo para imponer la política de aniquilación y terror.

Cabe recordar que, durante el franquismo, se intentó culpar a la República de la destrucción de Guernica. Ante las evidencias de la participación alemana, el general Queipo de Llano llegó a alegar absurdamente que las bombas habían sido compradas por los republicanos con el oro del Banco de España, y atribuyó el incendio a «mineros asturianos», evidenciando la estrategia de manipulación constante que acompañó al régimen desde sus inicios.

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