Salía estos días una compañera leyendo una carta en un claustro que perfectamente podríamos leer en todos los centros educativos, no dijo nada que no pulule de forma más o menos generalizada en el sistema actual: burocracia inútil, guardería de adolescentes, pasotismo, normativa cambiante que busca retorcer la estadística y no soluciones reales, mala educación, falta de compromiso, desafección, etc.
«Estoy harta de aguantar la mala educación de un porcentaje cada vez más alto de alumnos, el proteccionismo de los padres y los cambios de normas de la Administración» ,comentaba.
«Harta de la sociedad, que encumbra a seres que presumen de su ignorancia, que valora a un futbolista o a un ‘nini’ más que a una persona con estudios, respetuosa y educada «. No le quito razón.
Añade además sobre la repercusión de su carta: «Sinceramente, de apoyo total. Mis compañeros me abrazan, se les saltan las lágrimas.»
Y ahí es a donde yo voy, un matiz más,conociendo a bastante profesorado como conocemos los que llevamos unos años, sabiendo el poder que podríamos tener,añadamos un párrafo más a esa queja:
El sector del profesorado también es culpable de que esta deriva del sistema, sí, mucho hablar, mucho apoyo y mucho amor…pero a la hora de la verdad, la mayoría agacha las orejas y se va silbando hacía otro lado, teniendo el poder de paralizar el sistema, somos junto a los que nos representan como trabajadores, incapaces de pegar un golpe serio sobre la mesa.
Y no me hace falta poner muchos ejemplos, tirar de hemeroteca pasada y demás, lo volveremos a ver en poco más de un mes, el 9 de Marzo, de hecho ya hemos empezado con las excusas de siempre sobre las huelgas educativas y más aún, las testimoniales apariciones en las movilizaciones por parte de un colectivo de miles de trabajadores en la provincia, donde están los de siempre.
Hay muy buenos profesionales, la mayoría, buenos docentes y en muchos casos psicólogos, “padres” y otras tareas que no deberían corresponderles solo a nosotr@s, pero sinceramente, demasiadas tragaderas, borregismo y conformismo.
Por eso no nos quejemos cuando la próxima ley educativa, por mucho de ‘pacto’ que lo quieran llamar, vuelva a estar dirigida y elaborada por los que vienen haciéndolo en los últimos 30 años












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