Las Raíces de la Memoria: Un Viaje a los Ancestros
Durante los últimos tres años, la investigación sobre mis ancestros paternos y maternos se ha convertido en una apasionante aventura. He desenterrado un tesoro de nombres, descendientes, fechas y lugares, logrando incluso contactar con personas de diversas partes de Andalucía o Francia que comparten un tronco familiar común y visitando algunos de aquellos enclaves históricos.
La parte más difícil ha sido reconstruir las historias de aquellas familias. La figura más prolífica, sin duda, es la del tatarabuelo materno, Antonio Luque Ramírez, un hombre multifacético: escritor, capitán de infantería, «abogado», panadero y conocido «jaranero» . Su vida, que ya desarrollé en un artículo en 2017 en esta web, inició un camino que después de un paréntesis de varios años me está llevando a una ‘obsesión’ por descubrir que me tiene en constante curiosidad desde 2023
Ahora, he descubierto nuevos datos sobre mis antepasados maternos del siglo XIX (gracias a dar con un artículo de José Francisco López en la revista Farua de 2018), detalles locales que intentaré hilvanar para crear una microhistoria que nos remonta a los orígenes.
Los Pioneros de Guardias Viejas
Nos situamos a principios del siglo XIX, en el paraje de Guardias Viejas (hoy una pedanía de El Ejido, Almería). Allí se establece el matrimonio formado por Francisco Luque Daza y María Dolores Chozas Merlo, tatarabuelos del mencionado Antonio Luque Ramírez.
Este lugar no era del todo ajeno a la familia. Un pariente de Francisco Luque, llamado Francisco Daza, tuvo un papel relevante al reedificar el castillo de Guardias Viejas. Además, el abuelo de María Dolores, Nicolás José de Chozas, de profesión escribano, poseía fincas en la zona.
La posición económica del matrimonio Luque-Chozas no era menor. En 1837, poseían 61 fanegas de tierra que se extendían desde el castillo de los Baños hasta la antigua torre de Punta Entinas. Con el tiempo, esta propiedad creció a 100 fanegas en el área del Balneario de Guardias Viejas.
Su decisión de instalarse en Guardias Viejas fue fundamental, ya que en aquel momento el lugar estaba prácticamente despoblado. El matrimonio Luque Daza fue el iniciador de esta comunidad. Cuatro de sus cinco hijos –Felipe, Nicolás, Serafín y Encarnación Luque Chozas– vivirían allí. La historia del quinto hermano, Francisco, se desarrollará más adelante.

El Balneario y la Familia Luque
La zona de Guardias Viejas tenía una larga tradición termal. Las Termas Romanas del siglo I, construidas por Lucio Emilio Dafno, ya eran un indicio. Y desde antes del siglo XVIII, el prestigio de sus baños era conocido, como atestiguó el sacerdote de Dalías, Tomás López, en una carta de 1779.
Coincidiendo con el asentamiento de los Luque Chozas, comienza el desarrollo de un balneario. Este era de titularidad estatal, al estar dentro del espacio fortificado del castillo, pero se arrendaba para su mejora, cuidado y mantenimiento. El valor medicinal de las aguas se reconoció oficialmente desde 1818, gracias a un informe de la Universidad de Granada.
El balneario se abre al público en 1821, aunque no contaría con un médico fijo hasta 1841, cuando se nombra a D. Antonio del Castillo. Para entonces, Felipe Luque, uno de los hijos de Francisco y María Dolores, ya era el «bañero del balneario», es decir, la persona encargada de su gestión y mantenimiento.
En 1842, Francisco Luque padre tuvo un conflicto con las autoridades. El balneario ganaba fama y se requerían nuevas instalaciones, las cuales debían levantarse en terrenos de la familia. El litigio se centró, como suele ocurrir, en la financiación y la responsabilidad. Francisco se negó a ceder sus tierras si el gobierno no se hacía cargo de las obras. El gobierno, bajo la regencia de Espartero, ordenó al Comandante General de Almería liberar el manantial con un terreno adyacente para la edificación y compensar al Sr. Luque con otra porción de tierra. Al final, y con mucho tira y afloja, Francisco Luque solo construyó una casa, pero para su uso personal.
La privatización del balneario se concretó en 1860, después de que el médico titular defendiera su necesidad. La propiedad fue desamortizada y subastada por el Estado a un precio considerable: 43.600 reales (una fortuna que, haciendo elucubraciones con monedas y trasposiciones, equivaldría a unas 10.750 pesetas antiguas o aproximadamente 200.000 euros actuales). El comprador fue Felipe Luque, el hijo bañero. Cuatro años después, Felipe vendió la mitad del balneario a su hermano Nicolás.
Desde entonces, la propiedad pasó a ser privada y permaneció en manos de los descendientes de Felipe y Nicolás hasta finales del siglo XX. De hecho, a la muerte de Felipe en 1873, su parte se repartió entre su viuda y sus siete hijos. Una de sus hijas, Francisca Alejandra, vendió su porción al rico industrial de Berja, Francisco Barrionuevo. Por su parte, Nicolás vendió su mitad del balneario en 1891 al empresario virgitano Tesifón Pérez. Aunque algunos descendientes conservarían participaciones hasta los años setenta, el abandono del balneario ya era patente desde la década de 1930.

El Desvío del Primogénito: Aventura política o necesidad económica
Paradójicamente, la línea de parentesco que me une a estos Luque no procede de los dueños del balneario, sino del hijo que quedó al margen: el primogénito, también llamado Francisco. Él no se marchó de Dalías, donde se estableció como albéitar (veterinario) y herrador, formando allí su familia con María Salazar Rubí antes de 1837.
No obstante, la siguiente historia no es sobre él, sino sobre su único hijo varón que sobrevivió de los siete que tuvo, Antonio Luque Salazar, nacido en Dalías en 1834 y también herrador, quien protagoniza un episodio lleno de interrogantes. Antonio era el abuelo de aquel Antonio Luque Ramírez multifacético y el bisabuelo de mi abuelo, también llamado Antonio.
La trama más rocambolesca se sitúa en la década de 1860. Según un relato encontrado en un perfil genealógico de un pariente hoy en Francia pero con antepasados en Argelia, Antonio Luque, de ideología carlista, habría fomentado una revolución en Madrid junto a sus compañeros de estudios. El intento fracasó. La policía de Isabel II lo arrestó, encarceló y condenó a muerte.
Su hermana, Rosa Luque, quien bordaba la bandera revolucionaria de Antonio, se refugió junto a su otra hermana, Adelaida, que tenía un puesto en el Palacio Real. Su padrino, al parecer obispo de Almería, logró liberarlo bajo fianza para que su madre, María Salazar Rubí, pudiera verlo antes de la ejecución. Finalmente, Antonio huyó con su hermana Adelaida, vía Cartagena, en un barco con destino a Argelia alrededor de 1865 (creo que está fecha debe ser más tarde, por lo menos entre 7 u 8 años).
Este relato tiene puntos oscuros. Se menciona su participación junto al intendente carlista José Barrionuevo Soto en las insurrecciones de 1860, algo imposible, pues Barrionuevo era aún un niño ese año. Sí se sabe que este vizconde de Berja, ya en la Tercera Guerra Carlista de 1872, hizo una misión disparatada y secreta para sublevar su tierra natal, Almería. La mención de clérigos carlistas como Eusebio Arrieta y Bartolomé Carpente Rabanillo en Almería a finales del siglo XIX sugiere un contexto ideológico, pero ¿sería Arrieta el padrino de Antonio? Además, la sede episcopal de Almería estuvo vacante en los años de nacimiento de Antonio (1833-1847), descartando la figura del «obispo de Almería» como padrino en ese tiempo.
Si esta historia fuera cierta, Antonio habría huido después de 1872 y habría muerto (por otras cuestiones fuera de un fusilamiento) en Argelia acompañado de su hermana Adelaida.
La otra vía, que parece más lógica pero menos aventurera, es la de la emigración masiva. En aquellos años, miles de españoles –principalmente almerienses, murcianos y alicantinos– emigraban a Argelia, en especial a Orán, para trabajar en la agricultura y el esparto, huyendo de la inestabilidad política y la crisis agraria. Se calcula que unos 80.000 almerienses vivían en la zona en esos años. Sí, éramos nosotros los que llegábamos al norte de África por necesidad, no se olviden.
Antonio Luque fallece en Argelia en 1880, concretamente en Sidi Bel Abbès. ¿Aventura política o simple emigración? La primera hipótesis no parece descabellada, considerando que Antonio estaba casado y tenía seis hijos. De hecho, los datos indican que al menos dos de sus hijos nacieron allí en la década de 1870. Tras su muerte, su esposa regresó con los seis hijos a Almería, donde el mayor, Julio (mi tatarabuelo), sería el padre de aquel Antonio Luque Ramírez, el multifacético, punto de partida de todas estas investigaciones.













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